Seguro que alguna vez te ha sucedido.

Seguro que alguna vez ha terminado la relación que mantenías con tu pareja, o con algún familiar, o con alguna amistad.

Desde luego, no es algo agradable.

Y puede llegar a ser un momento de nuestra vida realmente duro.

A veces, la sensación de fracaso personal nos abruma, las emociones toman el mando y no somos capaces de ver más allá de nuestro dolor.

Lo que las personas que pasan por ésta situación no saben es que existen una serie de recursos para superarla.

Cuando un proyecto personal de éste tipo, sea de pareja o familiar se nos hunde, no se hunde únicamente el presente, sino también los planes que teníamos para el futuro.

Y nos invade una sensación de rabia por el tiempo perdido con esa persona.

Pero lo que no somos capaces de percibir es que ese tiempo que hemos pasado en esa relación ha tenido su función: la hemos disfrutado, la hemos padecido y la hemos aguantado justo hasta el límite que nos ha impulsado a ir más allá.

Desde luego, el haber terminado con una relación, sin dejar de ser doloroso, nos abre a un mundo de posibilidades y oportunidades que pueden cambiar nuestra vida para siempre.

Lo que sucede es que , como casi siempre, la sociedad no ayuda, sino todo lo contrario.Y se esfuerza en hacerte sentir la persona más miserable y desgraciada del mundo.

Para ello, te invito a escuchar éste audio, en el que desarrollo con más profundidad éste tema, y en el que te darás cuenta de que todo forma parte de un proceso natural.

Pero sólo te pido una cosa: no te culpabilices.

Ya sabes lo que pienso de la culpa: es un arma que te diriges a ti mismo/a y que sólo sirve para hacer que tu vida sea más dolorosa.

Si has de hacer algo, hazlo.

Si has de rectificar, rectifica.

Si has de abandonar, abandona.

Pero sin culpa.

Con los ojos abiertos a lo que te trae la vida.

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