Es una verdad evidente: a nadie le gusta sufrir.

Si nos ponemos a investigar, veremos que los grandes maestros diferencian entre dolor (lo que sucede cuando la vida nos juega una mala pasada) y sufrimiento (que es algo más interno y que tiene que ver con nuestra forma de tomarnos las cosas).

Pero no vamos a hilar tan fino.

Como ya sabrás, si sueles leer mis artículos, soy amigo de soluciones prácticas y útiles para la vida diaria.

Por eso voy a compartir un esquema que seguro que te resulta muy útil a la hora de encarar tus momentos difíciles.

A la hora de superarlo, el sufrimiento presenta tres etapas, y cada una de ellas nos trae lecciones muy necesarias:

  • En la primera etapa, el sufrimiento te cae encima como una losa. Es poco lo que puedes hacer y no ves salidas.

Es una sensación casi insoportable y, desde luego, muy desagradable.

Parece que no se va a acabar nunca.

Una de las cosas que más duelen es cuando te das cuenta de que en realidad nadie te comprende ni es capaz de ponerse en tu lugar.

Lo que aprendes en ésta fase es a resistir.

Te das cuenta de que eres mucho más fuerte de lo que creías y que lo que te toca hacer es apretar los dientes y seguir adelante.

  • En la segunda etapa, una vez que has adquirido algo más de confianza y eres consciente de que el sufrimiento es parte de la vida, aprendes a extraer las lecciones.

Y esas lecciones a veces son bien duras.

Así como en la fase anterior has trabajado la fortaleza, en ésta fase desarrollas la sabiduría, que te enfrenta a la realidad de la vida.

Aprendes que no todo el mundo es de fiar, que hay pérdidas, engaños, impotencia y soledad.

Y también aprendes que hay esperanza, confianza, amor y lealtad.

Y decides el tipo de persona que quieres ser: rencorosa o pacífica, amargada o positiva, triste o esperanzada.

Insisto en el verbo QUERER, porque siempre hay un momento en la vida en que decides el tipo de persona que vas a ser en un acto de pura voluntad.

Y te das cuenta que las personas que piensan que la vida les ha llevado a ser de cierta forma es porque así lo han decidido.

  • Finalmente, en la tercera etapa, descubres que el sufrimiento es innecesario.

Puede que la vida te traiga situaciones en las que sientes una buena dosis de dolor.

Pero es una sensación diferente: es algo que llega, pasa y se va.

No me aferro, no lo cultivo.

Descubres que hay una gran nobleza en no sufrir ni un segundo más de lo necesario.

Y comienzas a no recurrir a todo lo que ofrece ésta sociedad para anestesiar la sensibilidad y la atención.

Descubres que el mero hecho de sufrir no te hace mejor persona, ni más sabio/a, ni siquiera alguien más bueno.

Y ves que termina un ciclo y que lo que de verdad da color a tu vida son la alegría y el bienestar.

Aprendes que esto no depende tanto de factores externos como de la manera en que hayas superado las dos fases anteriores.

Y así, poco a poco, vas liberando tu vida de cargas innecesarias.

Y que si haces bien las cosas, puedes llegar a una sensación estable de bienestar.

 

Y esto no es una teoría.

Lo he visto muchas veces en muchas personas.

Quizás lo más difícil es ser consciente de que, en medio de la angustia, hay un camino y un futuro, una vía en la que las cosas se solucionaran y saldrás más fuerte, con más sabiduría de vida y con una capacidad de sentirte bien que no eres capaz ni de imaginar.

Por eso hace falta que alguien te lo diga.

Por eso he escrito éste artículo.

Para ti.

 

Saludos.

 

 

 

Pin It on Pinterest

Share This

Comparte:

Comparte éste artículo con tus amigos:

A %d blogueros les gusta esto: