Las imágenes lo son todo.

A muchas personas les cuesta entender que dependiendo de cómo veamos la realidad, así será nuestra vida.

Hay quien ve las relaciones como luchas.

Otras personas las ven como danzas.

Otros, como propiedades,…

No es lo mismo ver a un hijo como continuación de uno mismo/a que como una persona independiente y diferente a la que merece la pena conocer.

Nuestros talentos, capacidades, recuerdos y pensamientos se alinean en función de cómo interpretamos el mundo.

Y eso es lo que a la mayoría de las personas le cuesta entender: podemos elegir nuestra forma de ver las cosas.

Es cierto que la sociedad y nuestro entorno intentan imponernos una forma de interpretar la vida, pero es nuestro privilegio el crear nuestra propia visión, que sin dejar de ser realista, nos ayude a crecer, desarrollarnos y sentir la tan ansiada felicidad.

Y para verlo con claridad, nada mejor que un ejemplo.

¿Cómo ves tú esas relaciones que se terminan, esos amigos que traicionan, esas familias que se rompen o esos sueños que se desbaratan?

Si piensas como la mayoría de las personas, seguramente verás éstas situaciones como un naufragio, como algo que se ha perdido para siempre y de lo que no se puede recuperar gran cosa.

Pero, si me lo permites, te voy a dar otra imagen que puede serte de más utilidad.

Todas esas historias rotas, perdidas o malogradas puedes verlas también como un CIMIENTO.

Todo eso que te ha sucedido de lo que tal vez no sientas ningún orgullo.

Todo eso que te lleva a pensar que has perdido muchos años de tu vida.

Todo eso y mucho más puede convertirse en los cimientos sobre los que edificar tu nueva vida.

Porque has aprendido lo que no quieres.

Has visto lo que de verdad necesitas.

Y lo que te sobra.

Y has descubierto quién merece la pena y quién no.

Pero no son cimientos de tristeza o de amargura.

Son cimientos de madurez, autoconocimiento y responsabilidad con uno/a mismo/a.

Tal vez sea el momento de agradecer que esas experiencias estén en el pasado y nos hayan dejado un poso de sabiduría.

Tal vez sea el momento de edificar la vida que queremos.

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